31.8.08

 

Poemas 351
Poems 351


Fundación Mítica de Buenos Aires

Jorge Luis Borges

Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieon a fundarme una patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellitaroja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchur
ay aún estaba poblado de sirenas y endriago
sy de pedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en bi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mità del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
la juzgo tan eterna como el agua y como el aire.
***
Tradução de José Jeronymo Rivera

E foi por este rio de soneira e de barro
que as proas arribaram para fundar-me a pátria?
Iriam aos vaivéns os barquinhos pintados
por entre os aguapés da correnteza arisca.

Pensando bem a coisa, vamos supor que o rio
era azulado então como oriundo do céu
com sua estrelinha rubra para marcar o sítio
em que jejuou Juan Díaz e os índios comeram.

O certo é que mil homens e outros mil arribaram
por um mar que de largo tinha umas cinco luas
ainda de sereias e endríagos povoado
e pedras imantadas que enlouquecem a bússola.

Fincaram alguns ranchos trêmulos pela costa,
dormiram assustados. Dizem que no Riachuelo,
mas estes são embustes que forjaram na Boca.
Um quarteirão inteiro e em meu bairro: Palermo.

Um quarteirão inteiro mas no meio do campo
exposto às alvoradas e chuvas e suestadas.
A quadra similar que persiste em meu bairro:
Guatemala, Serrano, Paraguay e Gurruchaga.

Um armazém rosado como as costas de um naipe
brilhou e lá no fundo conversaram um truco;
o armazém cor-de-rosa floresceu num compadre,
dono da esquina agora, e ressentido e duro.

Já o primeiro realejo salvava os horizontes
com seu porte queixoso, sua habanera e seu gringo.
Por certo o barracão já ostentava YRIGOYEN,
algum piano mandava tangos de Saborido.

Uma tabacaria incensou como rosa
o deserto. Já a tarde desmoronara em ontens,
e os homens compartiram um passado ilusório.
Só faltou uma coisa: o passeio defronte.

Para mim só na lenda começou Buenos Aires:
entendo-a tão eterna como a água e como o ar.

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